Vamos de paseeeooo, pi pi piiii…

Julio 24th, 2008

Aprovechando que mañana es fiesta en Madrid y como buena madrileña… he decidido pasar unas cuantas horas con mis paisanos atascada en la carretera para poder disfrutar unos minutos del pueblo de mi lindísima amiga.
Seremos seis, tres amigas de siempre y los “costillas”; dos coches (lo que conlleva una dificultad añadida) y volveremos con las mochilas cargadas de risas, fotos, sorpresas y buenos momentos.

A la vuelta os cuento…

Besillos.

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PD: Lo del puente es una excusa, la excusa real es el cumple de esa niña tan dulce! Lo habitual es decir “muchas felicidades” pero yo, después de tantos años prefiero un “26 millones de gracias” por dejarme acompañarte un año más en tu caminar :D

Cuestión de Tiempos

Julio 22nd, 2008

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Si tú no fueses tú y yo no fuera yo, si lo que nos rodea fuese diferente y vivieramos en otro tiempo; quizá en ese punto podríamos pensar en un nosotros.

Consejo Médico

Julio 18th, 2008

-¿Qué tal estás?
- Psshh…
- Y eso ¿eso cómo es?
- Anda, lárgate enano!

El pequeño, con eso de ser pequeño, continúa frente a ella, con los brazos ocultos tras su espalda donde guarda su gran secreto.

- ¿No me has oído? Te he dicho que te largues!
- No puedo…
- ¿Y eso?
- Psshh… - contestó con una traviesa mueca.
- ¿A qué has venido? ¿A reirte de mí? - gritó su hermana enfadada.
- No, es que me daba la sensación de que con eso me querías decir que estabas triste, y como yo me pongo triste cuando me dices que me largue, pues…
- Vaale…Lo siento! ¿Me perdonas, enano? - diijo mientras le hacía un hueco junto a ella en la cama, consiguiendo así que los ojos del pequeño recuperaran la vitalidad con la que se acercaron a ella.
- “Pues claro hermanita!” y sin haber terminado la frase, ya se había acurrucado a su lado, cuidándose para no desvelar el secreto, eso vendría ahora…

- ¿Sabes qué?
- Tú no te das por vencido, eh? Qué.
- Pues que estuve pensando y…
- Yyyy? - preguntó ahora con una mezcla de impaciencia y diversión. Deseaba saber qué le pasaba ahora por su rubia cabecita pero lo cierto es que quería encerrarse en la habitación acompañada exclusivamente por la soledad.
- Creo que tengo la solución - comentó entre sonrisas.
- ¿La solución? ¿Para qué?
- Pues para ti, para lo que te pasa.
- ¿Sí? ¿Y qué es lo que me pasa según tú, listillo? - y dicho esto, se volvió hacia él, apoyando su cabeza en la mano y olvidando todo lo demás por un instante. Era la primera vez en esos días que conseguía olvidar…
- “Pues te pasa que te duele el corazón” - fue la inocente respuesta del niño, respuesta que inquietó a la joven hacíendola saltar como un resorte - “Por eso te he traído un regalo” - una sonrisa acompañó a sus ágiles brazos que ahora se tendían hacia ella aguantando un gran bulto.

Sorprendida, no era capaz de articular palabra. Era increíble… ¿cómo un mocoso era capaz de llenarla tanto?
Cogió el paquete con un entrecortado “gracias” y mientras lo abría contenía las lágrimas para no dejar de parecer esa chica dura a la que no puede hacerle daño nada ni nadie, esa chica que nunca llora, que no se emociona.

Era blando al tacto, agradable. Rasgó el papel y de pronto lo vio…

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- Así seguro que te curas, sea lo que sea. He visto que siempre que le pasa algo a papá, mamá le da una pastilla de esas y se pone bueno!”

El escudo se rompió, la armadura se desarmó y el dique de sus ojos se quebró.

- ¿Estás llorando? - preguntó sorprendido y compungido - “Yo sólo quería…”
- Ssshhh… No digas nada. Lloro de alegría pequeño, sólo con verlo se me ha quitado un poquito el dolor - le contestó tiernamente envolvíendole entre sus brazos.

Mientras, ella pensaba que ojalá fuera todo tan fácil. Su hermano no podía comprender que el dolor no siempre se cuida con medicinas, y más difícil le sería entender que, aunque le doliera el corazón, el daño no lo tenía ella.
Y es que a veces, cuando se hace daño a los demás es cuando sangra el propio corazón.

Y así, entre risas y lágrimas, entre la alegría y la pena, abrazada fuertemente al niño, su pensamiento voló hacia él. Deseaba que encontrara la persona que le hicera feliz, alguien que no le hicera sufrir, esa persona que hace de aspirina y vitamina, de paño de lágrimas y nariz de payaso; la única medicina para el sufrimiento, el símbolo de división para cuando vista la tristeza y el de multiplicación cuando acompaña la alegría.

A ella ya le había llegado. “Que paradógico” pensó “¿por qué la vida es tan injusta? ¿por qué mi felicidad ha de traer el dolor para aquella persona que tanto quise?”

Y es que hay cosas que son difíciles de entender hasta para los adultos.

Gotitas de Amor

Mayo 16th, 2008

Bueno… hace tiempo que no escribo, lo sé. Siempre digo lo mismo, que intentaré ponerle remedio de ahora en adelante, pero no quiero pillarme los dedos como hasta ahora, así que lo dejaré en un “intentaré hacer lo que pueda”. Seguiré, volveré, pero no sé decir cuándo.
Quiero daros las gracias a todos aquellos que de vez en cuando pasáis por aquí con la esperanza de encontrar algo. Gracias a vosotros sigo aquí, sois los que me hacéis continuar, los que me dáis ánimo, ilusión e incluso los que despertáis a mis musas! Gracias de corazón.
A todos vosotros os dedico estas “Gotitas de Amor”, espero que el próximo día que “cale huesos” os acordéis de esto y disfrutéis el momento.
Muchos besos.

PD: espero que me permitáis una licencia… El miércoles fue el cumple de nuestro pequeño Duende, así que quería dedicarle muy especialmente este nuevo post y enviarle un dulce besillo allá donde esté. Feliz nuevo año Duende!

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- ¿Se puede saber qué haces Cupido?
- Estoy trabajando en algo nuevo Mamá! Ya casi lo tengo…

Lanzando un suspiro de resignación Afrodita se sentó frente a él y le preguntó:
- ¿En qué consiste esta vez? - Una sonrisa a medias iluminó su rostro, entre divertida y sorprendida. Le parecía increíble que después de tantos fracasos, el bueno de Cupido continuara persiguiendo su sueño.

- Mira ¿ves esto? - dijo señalando un barreño lleno de agua.
- Claro, es agua…
- Error! eso es lo que parece, pero… acércate y verás.

Al asomarse pudo descubrir aquello que a primera vista le había pasado desapercibido.
- Pero de verdad crees que esto…
- Claro que lo creo! Si no, no habría estado trabajando en ello! - Contestó algo dolido.- Hasta ahora he tenido mala suerte, pero creo que esta vez es la definitiva…
-¿Y cómo vas a hacer que esto llegue a…
- Pues… pues… ahora que lo dices… - consiguió vocalizar mientras sus mejillas se ruborizaban.

Al darse cuenta del mal trago por el que Cupido estaba pasando, Afrodita decidió cambiar el rumbo de la conversación:
- Bueno, no te preocupes, seguro que tarde o temprano se te ocurrirá algo…
- Sí, es probable - dijo sin estar convencido de ello.
- Eh! ánimo! verás como todo sale bien y conseguirás lo que te propones. Quién sabe, si crees en la magia… - Y abriendo una puerta a la esperanza le regaló un cómplice guiño, le tendió la mano y fueron juntos al calor del hogar.

Esa noche el travieso Cupido se rindió rápidamente a los brazos de su vecino Morfeo, y lo hizo con una sonrisa en los labios tras las esperanzadoras palabras de su madre. Justo antes de dormir pensó: “Sí, ella tiene razón… Quizá tenga suerte y… ¿no estoy rodeado de dioses? alguno podrá echarme una mano…”

Efectivamente, alguno podía echarle una mano. Su propia madre, diosa entre las diosas, la más bella entre las bellas, sería la que le ayudase a cumplir su sueño.
Se escurrió entre las sombras de la noche hasta llegar a palacio. Ahí pidió ver al mismísimo Zeus.

Pese a ser altas horas de la noche, el viejo cascarrabias no pudo resistirse a sus encantos. Al fin y al cabo era carne de su carne, y la dulzura que transmitía era envolvente y encantadora.

- Veamos Afrodita… espero que lo que vienes a contarme sea de vital importancia, porque si no ya puedes…
- Sí, sí padre, sabes que sí - le interrumpió la joven. Le conocía de sobra como para saber que intentaría mantener su imagen de duro y despiadado, pero también conocía esa mirada permisiva y paternal que le dejaba tomarse determinadas licencias. - Como bien sabes mi hijo desde que vino a este mundo ha tenido una obsesión…
- Como para no saberlo!! - exclamó- anda que no ha traído problemas…
- Y también alegrías padre, y también alegrías…
- Sí, es cierto. Bueno, ¿y qué es lo que se le ha pasado ahora por la cabecita al muchacho? - preguntó curioso y preocupado.

Afrodita le contó el nuevo experimento de su pequeño. Mientras se iba enterando de los pormenores Zeus iba abriendo más y más sus ojos así como su sonrisa.
- Este pequeño diablillo - comentó.- Que sepas que me parece una locura, pero una locura muy dulce, así que puedes contar con mi ayuda.
- ¿De verdad?
- Por supuesto pequeña, tienes mi palabra. Mañana mismo comenzará “el reparto”. Comenzará en cuanto Selene se aparte del mundo y dé paso a Apolo. Le pediré que no saque su carro de sol, que mañana tenemos pensado que las nubes cubran por completo la tierra.

Y dicho esto, los dos se echaron a dormir.

*****
A la mañana siguiente Cupido se inquietó cuando comprobó que su barreño no estaba donde lo había dejado. Veloz como un rayo, bajó los escalones de dos en dos y aterrizó ante las piernas de su madre.
- Mamá! mamá!!! Que no está el barreño! Que alguien ha debido de entrar esta noche y….
- Cupido, escucha! - le ordenó su madre- ¿No notas algo diferente? - le preguntó pícaramente.
- Pues… ahora que lo dices… ¿Eso que suena no es…?
-Sí Cupido, es lluvia!
- Pero hacía mucho que no se enviaba lluvia a los humanos! ¿No se había llegado a un acuerdo con ellos?
- Hace muchos años, la lluvia se empleó como arma de los dioses. Eran lluvias torrenciales que arrasaban con todo lo que en la tierra tenían. Cuando las relaciones entre nosotros mejoraron, prometimos no volver a enviar esas lluvias. Hasta el momento la mayoría de las veces se ha cumplido la palabra… bueno, aún existen algunos dioses despistados que continúan con los viejos métodos, pero en cuanto se les descubre, son castigados de por vida…
- Sí, sí, pero… ¿se puede saber qué tiene que ver todo esto conmigo? - preguntó nervioso.
- Ven Cupido, acompáñame.

Juntos se acercaron al borde del acantilado donde trabajaba incesantemente un ejército de dioses y semidioses.
- Anoche fui a hablar con Zeus - comenzó a relatar Afrodita- Le conté tu maravilloso invento, y es que hasta ahora nadie había tenido un corazón tan grande que quisiera regalar a los demás todo lo que tú querías hacerles llegar. Le conté que habías conseguido encerrar en un barreño gotitas de amor, cariño, amistad, sonrisas, caricias, besos, abrazos… Sabías qué, pero te faltaba el cómo.
Ante esta simpática idea, Zeus no pudo resistir la tentación y convocó una reunión de dioses esa misma noche. En ella se expuso tu idea, se aprobó por mayoría absoluta y se acordó el cómo.

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Sorprendido y emocionado, el pequeño Cupido no podía dar crédito a lo que estaba escuchando.

- Por eso - continuó Afrodita- han madrugado todos. Este ha sido el método elegido. Se les hará llegar tal y como tú inventaste hijo mío…
- ¿Serán gotitas?
- Efectivamente. Se les hará llegar a través de gotitas. Hasta ahora temían el cielo gris, recordaban aquellos momentos de lucha y pérdidas. Ahora se encontrarán con pequeñas y suaves gotas, serán casi como suaves caricias en su piel. No les dañarán, tampoco dañarán sus cosechas ni sus pertenencias. Sólo les puede hacer bien… De esta manera habrás conseguido dos cosas: hacerles llegar a todos tu Amor y conseguir que mantengan la sonrisa ante un día gris.

Y después de decir esto, abrazó a su pequeño con gran orgullo de madre, y le susurró al oído el más dulce “te quiero” jamás escuchado.
Y Cupido, con una gran sonrisa, comenzó a creer en la magia.

******

… De manera que, cuando el día se ponga gris y comience a caer una fina lluvia, no se os ocurra correr a buscar resguardo, no saquéis paraguas… Dejad que el amor de Cupido os cale hasta los huesos… Al menos yo lo voy a hacer!
No me llaméis loca… pensad que seré una de las que aún creen en la magia ;)

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A Tiempo

Marzo 29th, 2008

Y resultó no ser demasiado tarde para descubrir que aún existen rincones donde el tiempo parece haberse detenido…

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Descubrió que aún hay lugares con magia…

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Se sorprendió al comprobar que todavía existen castillos de ensueño…

palacio da pena 1 palacio da pena 2

Y sobre todo, se sintió como princesa con príncipe en cuento de Hadas…

Principe en Castillo dos Mouros

La Unión Perfecta

Marzo 7th, 2008

- Me quieres?
- Sííí… - contestaba distraida sin alzar la vista del libro que se traía entre manos.
- ¿Seguro!?
- Que sí, “pesao”!
- Pero… ¿cuánto?
- Mucho…
- ¿Cómo de mucho?

A medida que él acortaba la distancia, ella perdía la paciencia.

- Muchísimo.
- ¿Y eso cuánto es?

Sin decir una sola palabra y siendo consciente de que tenía la batalla perdida, se levantó y salió de la habitación.

- ¿Dónde vas? - le preguntó él.
- A la cocina, voy a la cocina! - contestó.

En el fondo, aunque le costara reconocerlo, le divertía la situación. Disfrutaba haciéndose la dura, esquivando las respuestas, obteniendo nuevas preguntas sobre el mismo tema una y otra vez… No sabía cómo, pero conseguía arrancarle siempre una sonrisa.

Tras unos minutos volvió con algo entre sus manos.

- ¿Qué es eso?
- Fresas ¿quieres?
-Sí!! - dijo incorporándose rápidamente y con avidez en su mirada.

Sin pensarlo dos veces, se lanzó sobre el cuenco y dio un gran mordisco a la fresa más grande y más radiante que encontró.
De pronto, mudó el gesto. Escupía, tosía… “¿Pero qué es esto?” - preguntó. - “Están malísimas!”

- ¿Ah, sí? ¿Están malas?
- Malísimas! Están demasiado ácidas!

Con una pícara sonrisa en los labios, la mujer sacó algo que manteía oculto en los bolsillos de su delantal. Con gracia, espolvoreó la fruta con una cascada de azúcar.

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- Prueba ahora - ordenó.
- Esto es otra cosa…
- ¿Verdad?
- Sin duda.

Se acercó despacio mientras su queridísimo acompañante, su cómplice, devoraba aquel manjar. Se acurrucó a su lado y le dijo:
- Por cierto… ¿no me preguntabas antes cuánto te quería?
- Sí, claro - contestó con la boca llena.
- Pues bien, más que cuánto te diré cómo y por qué…

En ese momento consiguió captar su atención. Siempre había tenido esa habilidad. No sabía cómo lo hacía pero conseguía dotar cualquier conversación con un aura de misterio.

- Veamos… ¿cómo es entonces? ¿por qué me quieres? - contestó divertido.

Acercándose un poco más y susurrándole al oído le dijo:
- Te quiero como las fresas al azúcar. Porque aplacas mi amargura, alegras el color de mis días y consigues que, compartiendo tu vida conmigo, los demás me sientan más apetecible.

Y dicho esto, le besó en los labios, compartiendo ese dulce sabor… no se sabe si del azúcar de las fresas o de las palabras que todavía resonaban en su interior…

Mirar y no ver

Enero 9th, 2008

Me miras sin reparar en mí. Tus ojos ciegos me inquietan, me estremecen, me conmueven.
Pasas por mi lado sin verme.

Oigo tu sonrisa que eleva mi corazón. Un simple gesto que ilumina mi vida, alimenta mis sueños, despierta mis anhelos.
Te ríes silenciando mi llanto.

Cuando tú sufres, yo te calmo. Cuando te duele, tapo tu heridas. Cuando estás al borde del abismo, yo te salvo.
Ante las lágrimas, desenvaino mis sonrisas. Contra el sufrimiento, lucho con mi alegría. Frente a la tristeza, hago alarde de mi esperanza.

Tras de ti, ante ti… Junto a ti camino y tú, tú sigues mirando sin ver.

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Momentos

Diciembre 31st, 2007

Por mucho que le hubiera gustado no dejó que su corazón dominara el rumbo de su vida. Como siempre, la razón era la que guiaba sus pasos. Ignoraba si esto estaba bien o mal. Ella quería creer que así debían de ser las cosas, pero en lo más profundo de su ser, habitaba la dichosa pregunta… “¿y qué pasaría si…?”

¿Qué pasaría si un día rompiera con todo? ¿Y si un día no se comportaba como la persona responsable que todos creían que era? ¿Y si un día gritara hasta desgarrar las nubes? ¿Y si lo dejara todo por esa persona? ¿Y si desnuadara su alma delante de él?

En esas ensoñaciones se encontraba cuando su voz la hizo despertar.

- Eh!? Estás bien? Llevo un buen rato aquí delante intentando contarte las cosas que quedan pendientes antes de irme de vacaciones y no me haces ni caso!
- Ah! Sí, sí, perdona… Estaba… estaba…
- Es igual, déjalo que si no no acabamos nunca. Mira, como te decía tienes que acordarte de llamar a éste para pedirle la documentación que nos falta. Tampoco olvides hacer el seguimiento de…

“Bla, bla, bla…” eso es todo lo que en realidad estaba escuchando. Y es que cada vez que lo tenía frentea frente, no era capaz de pensar en nada más.

- Que sí, que sí. Tú vete tranquilo.
- ¿Seguro?
- Sin duda! de otras peores he salido!
- Bueno, pues… nos vemos ya el año que viene, no?
- Sí, el año que viene…
- Que tengas buenas fiestas, y disfruta con los tuyos!
- Igualmente.

Casi no había ternimado de pronunciar estas palabras cuando el muchacho cerró la puerta tras de sí dejando un gran vacío y frío, mucho frío. Estrechándose los brazos miró por la ventana siguiendo el camino que Juan tomaba, y saboreaba en sus labios las palabras que le había dedicado ” Que tengas buenas fiestas, y disfruta con los tuyos!”. Una tímida sonrisa apareció en su cara mientras susurraba:
- Si tú supieras, si tú supieras…

Pasaron las fiestas y como era costumbre, Rosa esperaba impaciente el regreso de Juan. Ese días se había levantado media hora antes, tenía que estar espectacular después de tantos días sin verle. Se enfundó unas medias color café que resaltaban su piel morena, la falda roja que en otras ocasiones había provocado algún guiño gracioso de su compañero, ella sabía que no le dejaba indiferente. Sus pies vestían aquellos zapatos que llevaba cuando le vio por primera vez.
Un poco de rimel, sombra de ojos discreta. “El punto justo para ocultar defectos sin enterrar la belleza natural” es como solía decir, no le gustaban nada esas mujeres que se ocultaban detrás del maquillaje.

Como un flan llegó quince minutos antes a la oficina. Decidió acercarse al bar de siempre, encender un cigarro y esperar como cada mañana.
-¿Qué te pongo Rosa? ¿Lo de siempre? - preguntó un dormido camarero desde la otra punta de la barra.
- Sí Paco, lo de siempre.

Tomó asíento en la mesa de la ventana. Desde ahí podía controlar el camino que Juan tomaba habitualmente. Temblándole el pulso, alzó su café para comenzar con el ritual: acercarlo suavemente a sus labios, aspirar su aroma, dejar que el vaho empañe los cristales de sus gafas y sólo entonces, cuando recuperara de nuevo la visión, dar el primer sorbo. Un sorbito pequeño, de esos que se dan cuando no quieres que se te acabe nunca, cuando no quieres que ese momento pase…

Pero a diferencia de otras ocasiones, esta vez ocurrió. Terminó su café y Juan todavía no había aparecido. Habitualmente lo hacía antes de llegar a los posos de azúcar que, con paciencia, esperaban en el fondo de su taza a ser delicadamente recibidos en la cuchara de metal para morir en unos carnosos labios.

- ¿Algo más Rosa?
- Nnn…nno Paco, gracias. Oye, ¿qué hora tienes?
- Las nueve menos dos minutos. Hoy te has entretenido más de lo normal ¿eh?
- Sí, se me fue el santo al cielo. ¿Me cobras, por favor?

Camino de la oficina se inventó una y mil excusas. Diferentes finales para una misma historia, ¿qué le habría pasado a Juan? Pero lo que está claro es que ninguna de ellas se parecía a lo que en realidad encontró…

Al entrar, lo primero que hizo fue mirar al sitio de Juan. Nada. Vacío; y cuando digo vacío me refiero a completamente vacío. Ni siquiera estaban sus fotos, ni rastro de sus bolígrafos, ni su taza de café. Nada!
Rosa comenzó a asustarse. Miró a su alrededor y se dirigió rauda hacia el despacho del director.

- Javier, ¿tienes un momento?
- Sí claro! Lo que necesites Rosita. Por cierto ¿qué guapa vienes hoy ¿no?
- Gracias Javier - contestó tímidamente.
- ¿Y bien? ¿qué es eso que querías contarme?
- Más bien es una pregunta… ¿Sabes dónde está Juan? es que… es que tenía unas cosas pendientes con él y…
- Rosa ¿aún no te has enterado?
- ¿Enterarme de qué?
- Hace un par de semanas me llamó y me dijo que había encontrado una buena oferta en su ciudad. Me dijo que lo sentía muchísimo pero que no podía rechazar la oferta, que necesitaba estar cerca de los suyos y que era el momento.
-
- Rosa ¿te encuentras bien? De pronto has…
- No, no. Me encuentro perfectamente, sólo que hace demasiado calor aquí, pero ahora lo soluciono - dijo quitándose el abrigo y la bufanda.
- ¿Algo más? si no tienes más que contarme…
- No, nada más Javier. Gracias.

Y diciendo esto salió del despacho. El suelo temblaba bajo sus pies. ¿Qué Juan no volvería?
“Con los suyos”. Esas palabras resonaban una y otra vez en sus oídos.
La vista se le nublaba, un vacío sentía bajo sus pies. La cruda realidad llamó a la puerta de su vida.
Qué tonta había sido si alguna vez pensó que Juan… ¿cómo podía haber sido tan ilusa?

Desde entonces nada fue igual. Rosa trabajaba y trabajaba sin parar. Alguna vez hablaba con él. Claramente era Rosa la que llamaba ¡qué iba a esperar!
Sabía que no debía hacerlo, que cada vez que eso ocurría su mundo volvía a derruirse; pero le costaba tanto estar sin él… lo echaba tanto de menos!

Pasaron los años. Rosa estuvo 7 años con su novio, se casó y tuvo tres hijos… pero nunca pudo olvidar a Juan.
Y Juan… ¿quién sabe qué ocurrió con Juan? Llegó un momento en que hasta Rosa dejó de saber de él, pues se cansó de llamar y de no recibir respuesta. Durante muchos años esperó una llamada, un “vamos a quedar”, un “qué tal estás” e incluso, por qué no, un “te echo de menos”; pero nada de eso ocurrió.

Cierto día, lo que son las cosas, una anciana caminaba por el parque disfrutando de una soleada tarde de primavera. Esa mujer solía inventar historias, imaginar qué habría pasado si…
Y entonces ocurrió. Ese día en el banco que está junto al sauce en el que solía descansar sus pies había alguien más.
Poco a poco se acercó y sólo cuando estuvo a su altura notó algo… Su corazón dio un vuelco como hacía tiempo que no ocurría.
Al pasar cerca de él un olor despertó viejos recuerdos. Ese perfume… sólo podía ser una persona.

Lo miró. La miró. Se miraron.
Una fugaz sonrisa se cruzó entre ambos. La ternura invadió sus miradas y sus corazones se abrazaron de nuevo.
Sin embargo ni una sola palabra fluyó.
Silencio. Sentimientos danzando en el aire. Deseos y fantasías compartidas.

Por primera vez en muchos años, Rosa no descansó y continuó su camino. ¿Qué habría pasado si me hubiera parado? ¿Qué habría pasado si le hubiera dicho en su día lo que me hacía sentir? – se preguntaba.
Mientras tanto, un anciano hombre se levantó y siguió su camino acompañado por sus pensamientos… ¿Qué habría pasado si le hubiera pedido que viniera conmigo? ¿Qué habría pasado si le hubiera dicho lo que sentía de verdad?

Lentamente, con el peso de los años sobre sus hombros, ambos continuaron su camino sin volver la vista atrás. Quizá, si lo hubieran hecho, habrían descubierto que sus almas seguían tirando en dirección contraria, buscando en silencio pero a gritos ese alma gemela tan cercana, tan lejana.

Y yo me pregunto, ¿qué habría pasado si por un momento hubieran escuchado al corazón en vez de la razón? ¿Qué habría pasado si hubieran aprovechado esa oportunidad que el destino les brindó una tarde de primavera bajo aquél sauce llorón?

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La Fotografía (III)

Septiembre 16th, 2007

Capítulo 1: “No podía creer lo que estaba escuchando. Un escalofrío recorrió su cuerpo y el teléfono cayó de sus manos impactando fuertemente contra el suelo…” Continuar leyendo…

Capítulo 2: “Pasó la noche en los pasillos del hospital. Parece algo ridículo, ella era consciente, pero si se iba de ahí significaba asumir de una vez por todas que Pablo no volvería. Trataba de engañarse, sin duda, y en esos momentos poco le importaba…” Continuar leyendo…

Capítulo 3:

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Descansando en una desgastada mecedora que tendría tantos años o más que su dueña, se encontraba la anciana Gloria.
Mantenía su cristalina mirada clavada en el horizonte. Disfrutaba al máximo de esos atardeceres otoñales con los que le obsequiaba la ciudad. Amarillo oro, rojo sangre, marrón glascé… la naturaleza era caprichosa como ella sola. Nadie sabía transmitir tanta elegancia con esos colores.

De vez en cuando sus recuerdos adquirían protagonismo y conseguían abstraerla de la bellísima imagen. Entonces sus ojos, sus labios y su expresión mutaban sigilosa y progresivamente hasta endurecer esos dulces rasgos de ángel que siempre habían dicho, acompañaban a Gloria.

Así se encontraba cuando un descuidado taxi entraba derrapando por el camino de la residencia. Cubierto del polvo de la ciudad y con algún que otro golpe de más frenó sus neumáticos, y sólo entonces, cuando escuchó el estridente chirriar que de ellos salió, fue cuando volvió al aquí y ahora.
Una muchacha joven con la cara desencajada y vacilante caminar descendió del destartalado vehículo.
Nada más verla supo que era ella; se trataba de una muchacha tan particular! Habría sido difícil confundirla con cualquier otra. El pelo le caía por los hombros en abundante cascada. Formaba graciosos caracoles en las puntas como juguetonas olas del mar que rompen contra la orilla. Una figura frágil pero firme y una atmósfera etérea y misteriosa envolvía todo su ser convirtiéndola en algo especial.

Ayudándose de su bastón, se alejó de la ventana y dirigió sus pasos a la entrada de la habitación. Cuando quiso darse cuenta la tenía frente a frente.

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Con respiración entrecortada y una tenebrosa mirada rompió a llorar en cuanto vio a la anciana.
- Cariño ¿qué ocurre? Ya pasó, ya pasó… - trató de consolarla entre sus brazos.
- Oh, Gloria! Por fin estoy aquí – consiguió pronunciar ahogada en su llanto. – No puedes ni imaginarte…
-Tranquilízate. Ven, vayamos a mi cuarto.

Y juntas emprendieron el camino de vuelta, la una apoyada en la otra, la otra apoyada en la una como piezas indispensables para formar un todo.
Una vez sentada en la mecedora que anteriormente ocupaba Gloria y con una taza de té hirviendo Esther centraba sus pensamientos en cómo afrontar el tema. ¿Cómo decirle a Gloria lo que había pasado en estos días?

La elegante mujer sabía que algo preocupaba a su querida niña. No la veía así desde… desde que ocurrió aquello… De pronto sintió un nudo en la garganta.

- Esther ¿va todo bien? ¿Cómo está mi nieto?

Ante esa pregunta la joven dirigió de nuevo la mirada a su compañera y las lágrimas inundaron sus bellos ojos.

- Gloria, no sé qué pudo pasar. Aún no me lo creo! Por las noches espero verle aparecer como de costumbre, espero sentir su presencia junto a mí y anhelo ese beso que, entre sueños, posaba sobre mi frente como amuleto ante las pesadillas. – Dijo mientras se deshacía en lágrimas.

No hacía falta que dijera nada más, las palabras sobraban. Haciendo acopio de los resquicios de fuerza que todavía acompañaban a la vieja mujer tragó saliva y con paso lento se acercó a Esther. Más encorvada que de costumbre debido al peso de la triste noticia que acababa de recibir, abrió sus brazos y envolvió el cuerpo de la muchacha como si eso pudiera protegerla de sus fantasmas.

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Ninguna de las dos fueron capaces de estimar el tiempo que pasaron así, entrelazadas, pero si hoy se les preguntara por ello ambas coincidirían en que fue el suficiente como para compartir sus sentimientos e intercambiar sus fuerzas, su aliento.

De pronto Gloria reparó en algo en lo que, hasta ahora, no se había fijado. Su amiga sostenía con fuerza en la mano derecha una vieja fotografía.

- ¿Puedo verla? – preguntó.

Cuando volvió en sí, Esther le contesto:
- Por supuesto Gloria, en parte ésta es la razón por la que estoy aquí. – y alargó su mano con pulso tembloroso hasta acercarle la fotografía. – La primera vez que vi esta fotografía fue en el hospital, cuando Pablo… - Aquí obvió las palabras, todavía no estaba preparada para pronunciarlas, para reconocer que jamás volvería a tener a su amor entre sus brazos. – Después de todo lo ocurrido me dieron sus pertenencias, aquello que le acompañaba en su viaje, y entre todas ellas, encontré un sobre a mi nombre. En él estaba esta fotografía, nada más; ni una carta, ni una nota, ninguna palabra, sólo esta fotografía. En mi vida la había visto, y mira que Pablo era pesado con las fotos, ¿eh? – recordó con una nostálgica sonrisa – Disfrutaba fotografiando cada momento, incluso capturando capítulos de la vida de extraños. Todas ellas me las enseñaba, se sentía realmente orgulloso de su trabajo. Pero esta… esta nunca me la enseñó.
No puede ser suya, no pudo hacerla él porque es una foto muy antigua. ¿Por qué crees que querría que yo la viera? Si era eso ¿por qué no me la enseñó cuando estaba vivo? ¿Por qué la tenía guardada en un sobre a mi nombre? Casi parecía que supiera lo que iba a suceder…

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- La vida a veces es demasiado complicada pequeña, las personas tenemos razones que los demás pueden no entender…
- Pensé que quizá tú… no sé, que tal vez tú podrías saber de qué se trataba…
- Siento decepcionarte Esther, pero también es la primera vez que veo esta foto. No sé quiénes son las fotografiadas. Siento no poder ayudarte.
- No pasa nada – contestó cabizbaja - ¿habría sido todo demasiado fácil, no? – intentó bromear.- Imagino que me quedaré siempre con la duda, sin saber qué es lo que me quería contar, qué es aquello que quería que supiera.
- No digas eso Esther! Apenas te reconozco! – le recriminó la anciana. - ¿Dónde está esa chica curiosa y emprendedora? ¿Dónde han quedado tus preguntas, tus sueños y tu ímpetu?
- Todo eso murió con Pablo, Gloria – contestó tristemente la joven Esther mientras se derrumbaba de nuevo.

Al darse cuenta de la situación, Gloria intentó excusarse y arropar a su querida “nieta”, después de todo ella no tenía la culpa de lo que había pasado. El dolor y la rabia hicieron que pagara sus frustraciones con ella.

- Eh! Escucha cariño, lo siento. Lo siento muchísimo. No debí ponerme así contigo, sé que no son buenos momentos para nadie – le dijo mientras acariciaba sus mejillas arrastrando las lágrimas que se deslizaban por ellas. – Lo que quería decir es que no puedes rendirte así. Pablo sabía lo que hacía, siempre lo supo! Era un chico diferente, no hacía las cosas de manera tradicional, pero tú sabes tan bien como yo que precisamente ese era su mayor atractivo.
Si decidió hacerlo de esa manera es porque estaba convencido de que sería la mejor de las opciones, y porque te creía completamente capaz de descubrir lo que esta foto pueda significar. Tenía muchos secretos, pero todo eso le hacía ser alguien especial, sin duda – le recordó la anciana.

Estas palabras parecieron infundir un poco de ánimo en Esther. Haciendo un esfuerzo, regaló una de sus mejores pero tristes sonrisas a la mujer y le contestó: - Tienes razón Gloria. Qué cabezota era! Le encantaba desafiarme, nunca me daba nada en bandeja. Creo que disfrutaba viendo cómo me las arreglaba para llegar a aquello que él conocía

- Así es Esther, Pablo ha sido Pablo hasta el último momento, y…no querrás decepcionarle ahora ¿verdad? Estoy segura que ahí donde esté, no perderá detalle, y más que nunca estará junto a ti, ayudándote cuando más lo necesites.
- Lo sé Gloria, lo sé. Sé que nunca me abandonará, pero lo que sí me ha abandonado son sus besos, sus caricias, sus palabras… No puedes imaginar cuánto lo echo de menos! – comentó llorando desconsoladamente.
- Eso también lo sé pequeña y créeme, yo también lo echo de menos … - y dicho esto, Gloria se derrumbó y también comenzó a llorar.

Las dos mujeres se fundieron en un fuerte abrazo derramando sus lágrimas en el hombro contrario, como si compartir sus penas pudiera hacer que fuera menos honda la tristeza que las invadía.

De nuevo perdieron la noción del tiempo. Cuando se sintió lista, Esther volvió a tomar la palabra:

- He visto a Mar.
- ¿A Mar?! ¿Cuándo? ¿Dónde? – preguntó agitada la anciana.
- En el hospital. Apareció allí por sorpresa, todavía no tengo ni idea de cómo se enteró…
- Esa… esa arpía chupa-sangre … - escupió entre dientes la vieja mientras se le tensaban todos los músculos.
- Sólo cruzamos unas cuantas palabras, en cuanto me fue posible la despedí, no quería verla…
- Lo entiendo pequeña, lo entiendo…

Y entonces, cuando Esther le contó aquello, en sus ojos apareció un brillo diferente… Sin separarse de los brazos de Esther, por su espalda, evitando que ella se diera cuenta, echó otro vistazo a aquella fotografía.
Después de todo quizá no le era tan desconocida…

Nerviosa por sus intuiciones y su descubrimiento, comenzó a revolverse entre los brazos de la joven.
- Gloria, ¿ ten encuentra bien? Estás… agitada – le comentó mientras miraba fijamente sus ojos y el cambio que se produjo en ellos. Ya no podía ver la dulzura de la triste anciana, más bien transmitían rabia, dolor y rencor. ¿Qué le habría pasado?
- Sí princesa, estoy bien. Creo que sólo necesito descansar…
- Está bien, sí, es justo. Siento haber traído tan malas noticias… Te dejaré descansar y mañana volveré a verte. – le dijo Esther. - ¿Me devuelves la foto Gloria? Creo que tienes razón, a Pablo le habría gustado que luchara y siguiera hasta el final, así que no sé cómo ni por dónde empezar, pero he de llegar hasta lo más hondo.
- Oh, sí! Qué despiste el mío pequeña! Esta vieja memoria… los años pasan factura. Ten, guárdala. Estoy segura de que podrás descubrir lo que encierra, aunque… quién sabe, puede que no fuera mas que una broma de mi nieto, sabes que le encantaba dar falsas pistas, engañar a los que más quería…

Ese cambio en la actitud de Gloria… ¿por qué hace unos minutos la animaba para que investigara y ahora intentaba convencerla de que no era mas que una broma de Pablo!?

- Es posible Gloria, de todas maneras lo mínimo que puedo hacer por Pablo es intentarlo – contestó mientras le arrebataba de las manos la vieja fotografía.
- Buena suerte pequeña, buena suerte.

Y con esto, Esther salió de la habitación. Sabía que Gloria guardaba algún secreto. En cuanto se enteró de la visita de Mar cambió radicalmente su actitud, sus gestos; pero… ¿qué sería? Ahora más que nunca necesitaba a Pablo… Cuando alcanzó la salida, lo primero que hizo fue alzar su mirada al cielo y decir entre dientes: “Te necesito Pablo, quédate a mi lado” y lanzó un beso al aire.

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Mientras tanto, la anciana había recuperado su sitio en la mecedora y veía cómo la muchacha parecía rezar al cielo. Con las manos contraídas y el gesto mutado no pudo dejar de pensar en esa vieja foto… Había llegado el momento de la verdad, después de tantos años tendría que enfrentarse a los fantasmas que la atormentaban y que hasta ahora había conseguido mantener dormidos…

(Continuará…)

Suposiciones

Septiembre 10th, 2007

Si me fuera permitido pedir, pediría que al menos uno de tus pensamientos volara hacia mí.
Si pudiera exigir, exigiría que del brillo de tus ojos fuera la luz que me despertara cada mañana.
Si me dieran licencia para robarte me apropiaría de tus abrazos y tus sonrisas.
Si me concedieran el control, controlaría tus sueños y deseos para evitar que nada ni nadie pudiera destruirlos.
Y si por un casual se me bendiciera con el valor, aprovecharía para poder contarte todo lo que anhelo, lo que pienso y siento. Te haría ver el papel protagonista que encarnas en cada capítulo de mi vida.
Y entonces, si aún se me concediera algo más, rogaría que tus pasos y tu voluntad te condujeran a mí.

Mientras tanto, me conformo con seguir tus huellas, allanar tu camino y endulzar tus días esperando que un buen día gires tu mirada y por fin entiendas que estuve, estoy y estaré velando por y para ti.

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