Capítulo 1: “No podía creer lo que estaba escuchando. Un escalofrío recorrió su cuerpo y el teléfono cayó de sus manos impactando fuertemente contra el suelo…” Continuar leyendo…
Capítulo 2: “Pasó la noche en los pasillos del hospital. Parece algo ridículo, ella era consciente, pero si se iba de ahí significaba asumir de una vez por todas que Pablo no volvería. Trataba de engañarse, sin duda, y en esos momentos poco le importaba…” Continuar leyendo…
Capítulo 3:

Descansando en una desgastada mecedora que tendría tantos años o más que su dueña, se encontraba la anciana Gloria.
Mantenía su cristalina mirada clavada en el horizonte. Disfrutaba al máximo de esos atardeceres otoñales con los que le obsequiaba la ciudad. Amarillo oro, rojo sangre, marrón glascé… la naturaleza era caprichosa como ella sola. Nadie sabía transmitir tanta elegancia con esos colores.
De vez en cuando sus recuerdos adquirían protagonismo y conseguían abstraerla de la bellísima imagen. Entonces sus ojos, sus labios y su expresión mutaban sigilosa y progresivamente hasta endurecer esos dulces rasgos de ángel que siempre habían dicho, acompañaban a Gloria.
Así se encontraba cuando un descuidado taxi entraba derrapando por el camino de la residencia. Cubierto del polvo de la ciudad y con algún que otro golpe de más frenó sus neumáticos, y sólo entonces, cuando escuchó el estridente chirriar que de ellos salió, fue cuando volvió al aquí y ahora.
Una muchacha joven con la cara desencajada y vacilante caminar descendió del destartalado vehículo.
Nada más verla supo que era ella; se trataba de una muchacha tan particular! Habría sido difícil confundirla con cualquier otra. El pelo le caía por los hombros en abundante cascada. Formaba graciosos caracoles en las puntas como juguetonas olas del mar que rompen contra la orilla. Una figura frágil pero firme y una atmósfera etérea y misteriosa envolvía todo su ser convirtiéndola en algo especial.
Ayudándose de su bastón, se alejó de la ventana y dirigió sus pasos a la entrada de la habitación. Cuando quiso darse cuenta la tenía frente a frente.

Con respiración entrecortada y una tenebrosa mirada rompió a llorar en cuanto vio a la anciana.
- Cariño ¿qué ocurre? Ya pasó, ya pasó… - trató de consolarla entre sus brazos.
- Oh, Gloria! Por fin estoy aquí – consiguió pronunciar ahogada en su llanto. – No puedes ni imaginarte…
-Tranquilízate. Ven, vayamos a mi cuarto.
Y juntas emprendieron el camino de vuelta, la una apoyada en la otra, la otra apoyada en la una como piezas indispensables para formar un todo.
Una vez sentada en la mecedora que anteriormente ocupaba Gloria y con una taza de té hirviendo Esther centraba sus pensamientos en cómo afrontar el tema. ¿Cómo decirle a Gloria lo que había pasado en estos días?
La elegante mujer sabía que algo preocupaba a su querida niña. No la veía así desde… desde que ocurrió aquello… De pronto sintió un nudo en la garganta.
- Esther ¿va todo bien? ¿Cómo está mi nieto?
Ante esa pregunta la joven dirigió de nuevo la mirada a su compañera y las lágrimas inundaron sus bellos ojos.
- Gloria, no sé qué pudo pasar. Aún no me lo creo! Por las noches espero verle aparecer como de costumbre, espero sentir su presencia junto a mí y anhelo ese beso que, entre sueños, posaba sobre mi frente como amuleto ante las pesadillas. – Dijo mientras se deshacía en lágrimas.
No hacía falta que dijera nada más, las palabras sobraban. Haciendo acopio de los resquicios de fuerza que todavía acompañaban a la vieja mujer tragó saliva y con paso lento se acercó a Esther. Más encorvada que de costumbre debido al peso de la triste noticia que acababa de recibir, abrió sus brazos y envolvió el cuerpo de la muchacha como si eso pudiera protegerla de sus fantasmas.

Ninguna de las dos fueron capaces de estimar el tiempo que pasaron así, entrelazadas, pero si hoy se les preguntara por ello ambas coincidirían en que fue el suficiente como para compartir sus sentimientos e intercambiar sus fuerzas, su aliento.
De pronto Gloria reparó en algo en lo que, hasta ahora, no se había fijado. Su amiga sostenía con fuerza en la mano derecha una vieja fotografía.
- ¿Puedo verla? – preguntó.
Cuando volvió en sí, Esther le contesto:
- Por supuesto Gloria, en parte ésta es la razón por la que estoy aquí. – y alargó su mano con pulso tembloroso hasta acercarle la fotografía. – La primera vez que vi esta fotografía fue en el hospital, cuando Pablo… - Aquí obvió las palabras, todavía no estaba preparada para pronunciarlas, para reconocer que jamás volvería a tener a su amor entre sus brazos. – Después de todo lo ocurrido me dieron sus pertenencias, aquello que le acompañaba en su viaje, y entre todas ellas, encontré un sobre a mi nombre. En él estaba esta fotografía, nada más; ni una carta, ni una nota, ninguna palabra, sólo esta fotografía. En mi vida la había visto, y mira que Pablo era pesado con las fotos, ¿eh? – recordó con una nostálgica sonrisa – Disfrutaba fotografiando cada momento, incluso capturando capítulos de la vida de extraños. Todas ellas me las enseñaba, se sentía realmente orgulloso de su trabajo. Pero esta… esta nunca me la enseñó.
No puede ser suya, no pudo hacerla él porque es una foto muy antigua. ¿Por qué crees que querría que yo la viera? Si era eso ¿por qué no me la enseñó cuando estaba vivo? ¿Por qué la tenía guardada en un sobre a mi nombre? Casi parecía que supiera lo que iba a suceder…

- La vida a veces es demasiado complicada pequeña, las personas tenemos razones que los demás pueden no entender…
- Pensé que quizá tú… no sé, que tal vez tú podrías saber de qué se trataba…
- Siento decepcionarte Esther, pero también es la primera vez que veo esta foto. No sé quiénes son las fotografiadas. Siento no poder ayudarte.
- No pasa nada – contestó cabizbaja - ¿habría sido todo demasiado fácil, no? – intentó bromear.- Imagino que me quedaré siempre con la duda, sin saber qué es lo que me quería contar, qué es aquello que quería que supiera.
- No digas eso Esther! Apenas te reconozco! – le recriminó la anciana. - ¿Dónde está esa chica curiosa y emprendedora? ¿Dónde han quedado tus preguntas, tus sueños y tu ímpetu?
- Todo eso murió con Pablo, Gloria – contestó tristemente la joven Esther mientras se derrumbaba de nuevo.
Al darse cuenta de la situación, Gloria intentó excusarse y arropar a su querida “nieta”, después de todo ella no tenía la culpa de lo que había pasado. El dolor y la rabia hicieron que pagara sus frustraciones con ella.
- Eh! Escucha cariño, lo siento. Lo siento muchísimo. No debí ponerme así contigo, sé que no son buenos momentos para nadie – le dijo mientras acariciaba sus mejillas arrastrando las lágrimas que se deslizaban por ellas. – Lo que quería decir es que no puedes rendirte así. Pablo sabía lo que hacía, siempre lo supo! Era un chico diferente, no hacía las cosas de manera tradicional, pero tú sabes tan bien como yo que precisamente ese era su mayor atractivo.
Si decidió hacerlo de esa manera es porque estaba convencido de que sería la mejor de las opciones, y porque te creía completamente capaz de descubrir lo que esta foto pueda significar. Tenía muchos secretos, pero todo eso le hacía ser alguien especial, sin duda – le recordó la anciana.
Estas palabras parecieron infundir un poco de ánimo en Esther. Haciendo un esfuerzo, regaló una de sus mejores pero tristes sonrisas a la mujer y le contestó: - Tienes razón Gloria. Qué cabezota era! Le encantaba desafiarme, nunca me daba nada en bandeja. Creo que disfrutaba viendo cómo me las arreglaba para llegar a aquello que él conocía
- Así es Esther, Pablo ha sido Pablo hasta el último momento, y…no querrás decepcionarle ahora ¿verdad? Estoy segura que ahí donde esté, no perderá detalle, y más que nunca estará junto a ti, ayudándote cuando más lo necesites.
- Lo sé Gloria, lo sé. Sé que nunca me abandonará, pero lo que sí me ha abandonado son sus besos, sus caricias, sus palabras… No puedes imaginar cuánto lo echo de menos! – comentó llorando desconsoladamente.
- Eso también lo sé pequeña y créeme, yo también lo echo de menos … - y dicho esto, Gloria se derrumbó y también comenzó a llorar.
Las dos mujeres se fundieron en un fuerte abrazo derramando sus lágrimas en el hombro contrario, como si compartir sus penas pudiera hacer que fuera menos honda la tristeza que las invadía.
De nuevo perdieron la noción del tiempo. Cuando se sintió lista, Esther volvió a tomar la palabra:
- He visto a Mar.
- ¿A Mar?! ¿Cuándo? ¿Dónde? – preguntó agitada la anciana.
- En el hospital. Apareció allí por sorpresa, todavía no tengo ni idea de cómo se enteró…
- Esa… esa arpía chupa-sangre … - escupió entre dientes la vieja mientras se le tensaban todos los músculos.
- Sólo cruzamos unas cuantas palabras, en cuanto me fue posible la despedí, no quería verla…
- Lo entiendo pequeña, lo entiendo…
Y entonces, cuando Esther le contó aquello, en sus ojos apareció un brillo diferente… Sin separarse de los brazos de Esther, por su espalda, evitando que ella se diera cuenta, echó otro vistazo a aquella fotografía.
Después de todo quizá no le era tan desconocida…
Nerviosa por sus intuiciones y su descubrimiento, comenzó a revolverse entre los brazos de la joven.
- Gloria, ¿ ten encuentra bien? Estás… agitada – le comentó mientras miraba fijamente sus ojos y el cambio que se produjo en ellos. Ya no podía ver la dulzura de la triste anciana, más bien transmitían rabia, dolor y rencor. ¿Qué le habría pasado?
- Sí princesa, estoy bien. Creo que sólo necesito descansar…
- Está bien, sí, es justo. Siento haber traído tan malas noticias… Te dejaré descansar y mañana volveré a verte. – le dijo Esther. - ¿Me devuelves la foto Gloria? Creo que tienes razón, a Pablo le habría gustado que luchara y siguiera hasta el final, así que no sé cómo ni por dónde empezar, pero he de llegar hasta lo más hondo.
- Oh, sí! Qué despiste el mío pequeña! Esta vieja memoria… los años pasan factura. Ten, guárdala. Estoy segura de que podrás descubrir lo que encierra, aunque… quién sabe, puede que no fuera mas que una broma de mi nieto, sabes que le encantaba dar falsas pistas, engañar a los que más quería…
Ese cambio en la actitud de Gloria… ¿por qué hace unos minutos la animaba para que investigara y ahora intentaba convencerla de que no era mas que una broma de Pablo!?
- Es posible Gloria, de todas maneras lo mínimo que puedo hacer por Pablo es intentarlo – contestó mientras le arrebataba de las manos la vieja fotografía.
- Buena suerte pequeña, buena suerte.
Y con esto, Esther salió de la habitación. Sabía que Gloria guardaba algún secreto. En cuanto se enteró de la visita de Mar cambió radicalmente su actitud, sus gestos; pero… ¿qué sería? Ahora más que nunca necesitaba a Pablo… Cuando alcanzó la salida, lo primero que hizo fue alzar su mirada al cielo y decir entre dientes: “Te necesito Pablo, quédate a mi lado” y lanzó un beso al aire.

Mientras tanto, la anciana había recuperado su sitio en la mecedora y veía cómo la muchacha parecía rezar al cielo. Con las manos contraídas y el gesto mutado no pudo dejar de pensar en esa vieja foto… Había llegado el momento de la verdad, después de tantos años tendría que enfrentarse a los fantasmas que la atormentaban y que hasta ahora había conseguido mantener dormidos…
(Continuará…)